3.09.2009

DOS ENSAYISTAS : Susan Sontag y George Steiner.

La lectura del primer libro de ensayos de Susan Sontag: Contra la interpretación (1967) fue apasionante. Pedía, en lugar de una hermeneutica, una erótica del arte, donde las obras, y, por analogía, nuestra experiencia personal, fueran para nosotros mas reales, no menos. La función de la crítica debiera ser mostrar como es lo que es, incluso que es lo que es, en lugar de mostrarnos su significado (p.24).

Pero esa reivindicación de la apariencia, del placer hedónico de la simple superficie, invocando a Oscar Wilde, para establecer asi el marco de su sensibilidad, contrastaba, de modo notable, con la galería de sus idolos: Nietzsche, Kafka, Baudelaire, Rimbaud, Jean Genet o Simone Weil. Alli donde la teatralización de la experiencia, se volvió paradojica: obras de la complejidad y la contradicción. Lo enfermizo se hace trunco y desgarrado.

Otras figuras francesas, como Artaud y Michel Leiris, autodestruyendose o denigrandose, en un proceso de purificación aniquiladora, intentan captar un mínimo trozo de verdad real, de verdad material, que automutilandose, despreciando el placer, cortejando la aflicción, adquieren el tinte de una santidad laica. El martirio propio de un desacralizado héroe de nuestros dias, perdido en las antípodas (el santo grial del peyote que Artaud buscara en el México de los tarahumaras, o Leiris en el fondo del Africa) Susan Sontag (1933-2004) la universitaria norteamericana por excelencia, encaminaba sus pasos hacia Francia, buscando fusionar ficción con reflexión, mientras escribia sus cuentos y novelas en su apartamento parisino amoblado con muy pocos libros : quería oir su voz. Por ello, en otro libro suyo : Bajo el signo de Saturno (1982) la luz sombría de la melancolía reflexiva a varios de sus faros mas emblematicos.

Ese paseante parisino, sobre las huellas de Baudelaire y el surrealismo, que fue Walter Benjamin, invocando tambien el azar para topar con lo maravilloso. O ese hombre feliz, Roland Barthes, catedrático francés en provincia o en las antiguas colonias africanas, que inicia su carrera, como corresponde a su rango, con trabajos sobre Racine y Andre Gide. Y quien, como anota con lucido humor Susan Sontag : "Estaba concienzudamente interesado en lo perverso (sostenia la anticuada opinion de que era liberador)"

Pero Walter Benjamin, ese lector incomparable y minucioso, se desdoblaria en varios otros. El judío que a traves de la cábala interpreta los textos sacros - tratese de Goethe como de Marcel Proust - a la sombra de Gerard Sholem, el gran redescubridor de la mística judia. O el Walter Benjamin, interlocutor de Bertolt Brecht y amante de Asja Lacis, la directora de teatro que lo hara invitar a Moscu, para vivir el marxismo que terminaría por censurar sus trabajos. Sin olvidar la sordida experiencia de compartirla con su marido en la estrechez de la vivienda comunista, tal como lo consignó, dia tras dia, en su diario de Moscu. Pero el ángel del progreso, con el rostro hacia atras, se interna en un futuro donde no quedan mas que ruinas. La llegada de los nazis a París obligan al fetichista de los libros para niños, de los escritos de los locos, o las primeras ediciones desentarradas en los anticuarios de toda Europa, a dejar atras sus tesoros, y como Stefan Zweig con su colección de autografos, a verlos dispersarse, y finalmente, tambien, suicidarse. Pero antes de hacerlo, en la frontera Francia- España, Benjamin, trandrá que aprender el sigilo y el ocultamiento. El no quedarse en el simple rostro sino en la multiplicidad infinita de las mascaras. Con razón, Benjamin escribiria a un amigo, con la seriedad de la broma, que "sus escritos tenian 49 niveles de significado".

Como anota Susan Sontag: "La ambiguedad desplaza a la autenticidad en todo sentido". Solo que los horrores de una Europa crepuscular obligarian pronto a la norteamericana a interrogarse por el fascismo y el colonialismo, en su propio país y en la traumatica experiencia de su viaje a Vietnam y, años mas tarde, a su reflexión, desde la fotografia, de lo que implicaban las imagenes de la carcel de Abu- Grahib en Irak enviadas, como diversión macabra, por los soldados norteamericanos a sus camaradas, riendose con las torturas. Emblemas, anagramas, pasajes esotéricos, laberintos, el drama barroco alemán, el guetto judío, el caminante clandestino busca un refugio, al cruzar la frontera y comprende como no podria llevar todo consigo. Hay que despojarse al máximo. Apenas huesos y olvido. Igual le sucedería a Susan Sontag cuando, en un acto de resistencia, monto una obra de Samuel Beckett en las ruinas de Sarajevo. "La tarea ética del escritor moderno no es ser creador sino destructor: destructor de la introspección superficial, de la idea consoladora de lo universalmente humano, de la creatividad del aficionado y de las frases vacias ". (Bajo el signo de Saturno. p. 129)
Nacido en París en 1929, George Steiner, judio profesor en Ginebra y Cambridge, podía resumir esa Europa que amaba Susan Sontag : la Europa de los cafes, y de las calles con nombres de escritores y pensadores. Del diálogo y de la reflexión nihilista. De Grecia y Jerusalen. De Heidegger, el nazismo y los campos de concentración, obsesivamente presentes en todos los textos de Steiner.

Sin embargo, Steiner tambien ha pensado la Norteamerica de Susan Sontag y ha dicho : "La filosofía norteamericana ha sido floja" y el "genio absolutamente norteamericano, la gloria del jazz". El ballet y la arquitectura como ejemplos sobresaliente y, claro esta, la literatura de Hawthorne y Melville, Emerson, Henry James y Faulkner. La razon de ser de Estados Unidos es la custodia. La conservación del pasado europe o como lo hicieron con "ímpetu de anticuario": Eliot, Pound y el poeta Robert Lowell en su libro History. El saldo decreciente hoy en día sería la literatura judía, la verborrea newyorquina de Bellow, Mailer, Mallmud, Roth y Heller. Pero lo que sorprende a Steiner es que "el apetito voraz por la recompensa material haya sido reconocoido por la sociedad norteamericana con sinceridad filistea. Banalidad y avaricia son tambien parte esencial del ser humano. Y anota: "Puede ser que Norteamerica haya sido, simplemente, mas sincera sobre la naturaleza humana que ninguna sociedad anterior. Si esto es asi, los altos lugares y momentos de civilización han sido posibles gracias a la huida de esa verdad y a la imposición desde arriba de ideales y sueños arbitrarios" (Pasión intacta, Ensayos 1978, 1995, Madrid, Siruela, 1997, p. 327).

Dos conclusiones de Steiner resultan sobriamente desencantadas: "Ningun grado de democratización va a multiplicar el genio creativo". Y "un gran crítico no es mas que un enamorado y clarividente parásito que se alimenta de la vida artística". Consolémonos, de todos modos, pensando que también estos dos incitantes ensayistas nos animan a sentir con hondura y a leer con fruición, más sus trabajos críticos que sus obras de ficción.

Juan Gustavo Cobo Borda.

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